A veces me dan envidia los fotógrafos y escritores que son capaces de retratar con la cámara o la pluma lo bello o lo atroz de algo y dejarlo ahí, disponibible para que otra persona sienta lo que sintieron al captarlo.
Desde paisajes bonitos a zonas industriales metidas con calzador entre montes y valles. Desde neonatos hasta gente que está más en el otor mundo que en este.
Me he levantado con el día reflexivo y observador. Y puede que un poco raro. Pero si ha sido de esa rareza que me ha hecho meter un taco de folios y un boli en la mochila, bienvenida sea de nuevo esa rareza, porque es la que me ayuda a separarme de los hechos y me hace fijarme en las cosas de otra forma.
Y si además me distraigo y practico mi escritura en marcha, pues mejor que mejor.
No?
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